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viernes, 26 de junio de 2009

No tiene corazón

- Hola ¿quién habla?
- ¿Eugenio?
- Si
- Soy José
- ¿Qué dice José, cómo está?
- Bien, bien, lo llamo porque acabo de recibir una carta que me ha dejado perturbado.
Es que desde que doña Matilde se radicó en Suiza con su hijo,hace de esto más de cinco años, nunca se había puesto en contacto conmigo.
Siempre pensé que a este pueblo no llegaría correspondencia desde tan lejos, pero ya ve, llega, así que lo llamo para contarle lo que me dice Matilde en su carta, que me ha sorprendido en gran forma. Entiendo que en Suiza estén muy adelantados y que la tecnología aplicada a la medicina ha logrado progresos increíbles, pero lo que me ha escrito esta señora supera ampliamente la imaginación de cualquier individuo, incluso la mía.
- Pero cuente José ¿qué es lo que le ha dicho?
- Resulta que el hijo de Matilde, aquél que nació con un soplo en el corazón ¿lo recuerda?
- Si, sí lo recuerdo.
- Bueno, mire Eugenio, estoy muy nervioso, creo que será mejor que le lea la carta:
“Montevideo dos de Setiembre de…”

- ¡Vamos José, sin preámbulos hombre! trate de obviar el principio.
- Bueno está bien, iré directo al grano:
“ … Le escribo porque no se a quién acudir. Estoy en un país que no es el mío y no he sabido ganar grandes amigos. Además usted conoce a mi hijo desde que era un niñito y bueno, soy una madre desesperada. Yo sé que mi nene nunca ha sido lo que se dice, derecho, pero las madres queremos a nuestros hijos tal como son.
Todo comenzó cuando fue al hospital a controlarse porque tenía palpitaciones; allí conoció a una chica que trabajaba de doctora. La cosa es que se enamoró de ella como un tonto, pero ella sólo se burló de él; nunca quiso verlo más que como a un paciente ¿me entiende? y lo único que hizo fue arrancarle el corazón”
- ¿Se da cuenta Eugenio, a lo que llegan los médicos?
- Siga José, siga leyendo.
- Continúo:
“Esta situación ha desquiciado a mi hijo y ahora anda dando tumbos por ahí. Si antes no andaba derecho, ¿imagínese cómo anda ahora?. El chico se me tuerce del todo y no sé qué voy a hacer”
- Dios santo José, no se puede creer; usted me deja anonadado.
- Yo me siento abrumado Inocencio. Para colmo, el chico se está torciendo, claro, como no tiene corazón debe producirse un desequilibrio en su cuerpo ¿no?
- Pero dígame algo José, ¿cómo vive el muchacho si no tiene corazón?
- ¿Qué se yo? Mire Eugenio, la ciencia avanza a pasos agigantados y más aún por aquellos lares.
Pero beno, le sigo leyendo:
“...No sabe como me arrepiento de haberme ido de mi país, de mi pueblito querido, porque nada ha de ser peor para una madre que tener un hijo descorazonado. Disculpe usted que le caiga con todas mis angustias, pero siempre lo consideré una buena persona; alguien que sabe escuchar”.
- Dirá leer José, porque se trata de una carta. ¡Ah mujeres!
- ¡No sea tonto Eugenio! Matilde termina mandando saludos a todos los que le conocen; pobre mujer, yo creo que al hijo por ser inmigrante lo han tomado como conejillo de Indias, porque esa técnica debe ser nueva y seguramente la prueban con los de afuera.
- ¡Qué barbaridad José, cómo para no quedar usted trastornado con esta noticia!
- Lo dicho Inocencio. Pensar que yo doné mi corazón el año pasado cuando me operaron de apendicitis, pero habiéndome enterado de que se puede vivir sin él, mañana mismo iré al hospital para que me saquen de la lista de donantes, porque está bien ser humanitario, pero que me lo quiten por gusto no lo voy a permitir.



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martes, 23 de junio de 2009

Un bello tributo

Querido Mario Benedetti, se que puedo contar contigo, porque ya antes lo hice desde tus libros, tus letras te perpetúan en el recuerdo y en la enseñanza, esa que no emana en las universidades y si en el compromiso de vida que asumiste como guía para muchos que en momentos de incertidumbre nos mostraste una luz al final del túnel
Apenas leí una ínfima parte de tu prolífera obra, pero debo confesarte que fuiste recurrente en tu empecinada seducción de leerte y digo bien leerte, por que SOS a trabes de mi mirada el creador y el personaje de tu Historia. Nos enseñaste que “El sur también existe” con “Otro Cielo” se puede ser “Testigo de uno mismo” por que yace en “La borra del café” y allí parado en el “Andamio” nos dijiste “No te salves” por que aún con “El lado oscuro del corazón” se puede ver la “Primavera”. Esa fue tu “Táctica y Estrategia” y a pesar de que me siento como una “Esquina Rota” “Gracias por el fuego” y por recordarme que soy parte de tu “Cielito del 69”

Angela Farías
Homenaje en Consejo Directivo de AGADU (Uruguay)


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sábado, 13 de junio de 2009

No te salves

No te quedes inmóvil al borde del camino, no congeles el júbilo no quieras con desgana, no te salves ahora ni nunca, no te salves no te llenes de calma, no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios, no te quedes sin labios no te duermas sin sueño, no te pienses sin sangre, no te juzgues sin tiempo, pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo.
Mario Benedetti

(Uruguay - Paso de los Totos)
1920 - 2009

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lunes, 25 de mayo de 2009

Los que se aman

Los que se aman no se callan lo que sienten y dibujan corazones a escondidas. Sus manos se entrelazan en caricias y el cielo los observa desde arriba.
Los que se aman son hijos de la luna, que asombrados descubren la armonía, y detienen los relojes en el tiempo, en cada beso de cada despedida.

Los que se aman no ven a quien los mira y se amparan en lo oscuro de la noche.
El cofre de recuerdos se desborda y las canciones son siempre a la medida.

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jueves, 21 de mayo de 2009

Lo sabía

Te ví llegar y supe que te iba a amar.
Te ví partir y no supe que decir.
Te ví volver y el amor se había marchado ayer

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lunes, 2 de febrero de 2009

A mis Amigos del alma

Pasaron más de mil lunas, otros rumbos caminamos; alegrías, descendencia, sinsabores desengaños...
El tiempo pasó de prisa y los recuerdos afloraron; se asomaron uno a uno buscando el lugar exacto. Allí; entre los mejores, donde están los que yo amo. Se quedaron dobladitos donde no fueran borrados. Privilegiada memoria que me devuelve mis pasos, me retrotrae a la infancia para volver a gozarlos. Incomparables momentos que aún sigo saboreando; los revivo, los desdoblo, les sonrío, los abrazo. En ellos están mis amigos, los de siempre, mis hermanos.; los que el alma te aconseja que no les sueltes la mano. Esos locos endiablados que llenaron mis espacios, con aromas y sabores; con un especial encanto. Así hemos escrito la historia, con mano firme en el trazo; declarando amor perpetuo para poder resguardarlo. Así nos encuentra; juntos, amigos como hermanos. Contando las mismas cosas que vivimos otros años; unidos en comunión para nunca separarnos. Porque ni la vida, ni la muerte, jamás podrían lograrlo.

En memoria de mi adorado Hermano Hugo, para nuestros amigos de siempre.



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sábado, 3 de enero de 2009

Felicidad


El camino hacia la felicidad es un sendero en el que siempre encontrarás obstáculos.
Eres tú, caminante, quien debe tener la habilidad para poder sortearlos, y con paso firme continuar hasta el final, donde por fin, serás recompensado.


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jueves, 20 de noviembre de 2008

Publicacion de un Poema de Martina

Y como dice el dicho: "De tal Palo, tal astilla". Los chicos son capaces de crear grandes cosas.
Aquí va una muestra de lo que escribe Mati, cuando tiene ganas ... claro.
(clic en el enlace de Accu-Chek)
ACCU-CHEK® Uruguay

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sábado, 8 de noviembre de 2008

No va más ... (cuento)

El portero pronunció su nombre y lo saludó por lo bajo, cuando lo vio entrar por la puerta giratoria del Casino.
Sin más, Albert se dirigió a la mesa número cuatro en el momento en que el crupier cantaba el usual “No va más…”.
En ese instante sintió la vibración de su celular con la entrada de una llamada y se alejó del lugar para contestarla:
– hola amor, que necesitas, aún estoy en la oficina y voy a llegar tarde otra vez por lo del balance –
Al otro lado de la línea, la voz de su esposa sonaba bastante crispada. Albert intentó calmarla.
– te prometo que será la última vez – le dijo como para tranquilizarla.
Guardó el celular y se acercó nuevamente a la mesa para comenzar a apostar.
Ganó dos veces seguidas.
Se dirigió a la salida en un intento por retirarse del lugar, pero regresó para jugar una vez más.
Sabía que era su noche de suerte y no la iba a malograrJugó por tercera vez, a primera docena y ganó nuevamente. Contó todas las fichas: eran muchas, tantas como para pagar la mitad de la deuda que lo atormentaba, pero decidió seguir una corazonada y las puso a un pleno en el número diecisiete.
Sus manos temblaban ante tal acción pero el impulso era irresistible. No sabía si hacía lo correcto, pero el pronto vencimiento de los plazos para terminar de pagar la casa, fruto del esfuerzo conjunto con su mujer, lo terminó por convencer.
La bola comenzó a girar y el círculo de números se convirtió en un espiral infinito ante la mirada fija de Albert. Pensó en sus hijos pequeños y en su mujer; ellos confiaban en él.
El crupier lo observó y esbozó una sonrisa que pronto se transformó en una mueca de asombro, cuando finalmente cantó: – ¡ Negro el diecisiete ! –.
Los silbidos de aprobación y los aplausos por parte del público que rodeaba la mesa, no se hicieron esperar.
Sin salir de su asombro, Albert fue acompañado por dos empleados del Casino para realizar los trámites pertinentes, luego de hacer algunos arreglos, para depositar el dinero directamente en un Banco.

Poco después, se retiró eufórico del lugar; Necesitaba tomar aire fresco y tranquilizarse.
Ya en la calle, sintió nuevamente la vibración del celular; era su esposa quien lo volvía a llamar, pero no la atendió; quería darle personalmente semejante noticia. Además, sabía que antes de poder contarle, ella comenzaría a hacerle reproches sin escuchar razones y empañaría la alegría que él sentía en ese momento. Recordó las discusiones al respecto, pero ahora, sólo formarían parte del pasado.
Esta vez todo sería diferente, ¡había ganado un millón!! Las palabras retumbaban en su mente al pronunciar semejante cifra; nadie se lo echaría a perder.
Subió al auto, lo puso en marcha y se dirigió a su casa. Durante el trayecto las ideas iban y venían, mientras apretaba a fondo el acelerador con el fin de llegar lo antes posible a su hogar. Tomó una curva cerrada sin aminorar la marcha y rápidamente perdió el control del vehículo, que derrapó y giró como un trompo hasta quedar fuera del camino.
El destino quiso que se salvara. Los paramédicos llegaron al lugar, lo revisaron y le curaron algunas contusiones.
Al verlo más calmado y luego de constatar que no presentaba gravedad, lo trasladaron a la casa.
Su mujer estaba consternada ante lo ocurrido. Al día siguiente, a raíz de algunas actitudes por parte de su marido, percibió que algo no estaba bien.
Albert no recordaba nada de lo ocurrido antes ni durante el accidente; nada de lo acontecido aquel día, le venía a la memoria. Su esposa no le dio mayor importancia y lo tranquilizó diciéndole que debió haber sido un día como tantos; le explicó que había trabajado hasta tarde y el cansancio, y las preocupaciones habrían sido los causantes de un accidente que pudo ser fatal.
Esas palabras trajeron a la frágil memoria de Albert, el recuerdo de la deuda de su casa. El tiempo apremiaba y sabía que no tenía solución. Había golpeado todas las puertas para que lo ayudaran pero no sucedió.
Miró a su mujer, ella siempre guardaba una esperanza; decía que él, tarde o temprano lo solucionaba todo. La vio salir del dormitorio, y entonces se levantó, hurgó entre sus papeles y separó uno de los documentos; luego abrió el cajón de su mesa de noche, tomó el arma y se suicidó.
Su esposa sintió un estruendo que provenía de la habitación y corrió a socorrerlo; estaba tendido en el suelo sobre un charco de sangre.
Encima de la cama, se hallaba el seguro de vida que pagaría la hipoteca de la casa.

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sábado, 16 de agosto de 2008

Santa Teresa y el mar

Solo el murmullo del mar; es todo lo que escucho en este soleado día que me invita a despertar la pluma, que yace olvidada en el fondo de mi bolso desde hace tiempo.
Cansada de arrugar borradores que quisieron ser y no pudieron, se levanta titubeante, en busca de la palabra apropiada para que yo la escuche. Se interna en lo profundo de mí ser y se sumerge, urgente de una esencia inspiradora, que por fin logra. Mi boca se llena de vocablos que en impecable orden, se acomodan como pueden para decir algo coherente. Aquí me encuentro; sentada frente a esta inmensidad de aguas transparentes, viendo avanzar despacio a las olas silenciosas, casi como el náufrago que cansado de nadar, llega aletargado a la orilla y desfallece. Desde este alto, siento que puedo tocar el cielo o inclinarme para besar el mar. Puedo ver a las olas bordar con su blanca espuma, las infinitas vueltas de una suerte de enagua de novia que se forma en la orilla. Un verde follaje rodea el camino que lleva al mar. A lo lejos, emerge un cinturón de doradas arenas, que oficia de marco para este milagro que nos regala la vida. Mis ojos se pierden en el horizonte, donde las aguas se confunden con el cielo, como pincelada inconclusa de este cuadro viviente que me subyuga y me conmueve cada dìa.

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martes, 5 de agosto de 2008

Mi Peque adolescente

Con la frescura que le dan sus pocos años y el privilegio de sentir la rebeldía, va impregnando con aroma de inocencia
los rincones de mi tiempo y de mi vida.
A veces, único refugio de mis pensamientos, hace presente

el recuerdo de mi risa, y devuelve a mi memoria más frecuente, reminiscencias de una niñez dormida.
Un caudal inagotable de experiencias no vividas y el desenfado en la mirada, tantas veces perdida, dan el marco adecuado a la hora de encontrarle una noble descripción a mi creación divina.
Es en el momento justo y en su justa medida, que urgente de libertad busca a tientas la salida.
Arrebato silencioso que me asecha inadvertida, llevándose su niñez, como un ladrón, a escondidas.

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sábado, 19 de julio de 2008

Amar es ...

Amar es despertar a las sensaciones más hermosas que nos brinda la vida.
Es dejar los rencores dobladitos en el estante del olvido y vivir desde la alegría, cada instante, como único.



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Estrategia

La vida es como un gran juego y nosotros somos las fichas.

Unas que vencen a otras; la meta es lograr la dicha.
El dado sería el tiempo, de él dependemos todos.
Nos marca donde corremos.
Él se divierte a su modo

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jueves, 6 de marzo de 2008

El Circo llegó al pueblo (cuento)


"Las Tablitas" era un pequeño pueblo de tardes silenciosas, donde nada parecía perturbar la tranquilidad de su gente, pero ese otoño sería diferente. Sus angostas calles se habían vestido de fiesta a la espera de la ocasión, y daban paso a la algarabía que ya se dejaba sentir; porque el Circo de “Don Seguro” había llegado al lugar para convertirse en el gran acontecimiento. Eugenio, un hombre que lo tenía todo en cuanto a bienestar se refiere, vivía sólo, y con frecuencia se sentía muy aburrido. La vida se había vuelto rutinaria luego de la muerte de su amada esposa, con la que había compartido los últimos treinta y cinco años. Nada extraordinario le había sucedido desde aquel día en que le diera el último adiós. El Circo de “Don Seguro”, parecía tener una especie de magia para la gente del pueblo, pero esto ocurría por la monotonía a la cual estaban acostumbrados en aquél lugar. Tal situación le daba un brillo especial al acontecimiento, atrayendo cada vez más a los curiosos.Eugenio no era la excepción, así que se vistió de prisa; cambió sus viejas zapatillas por los clásicos zapatos de domingo, acomodó su delgada corbata y hacia el Circo se dirigió. En realidad no le interesaba demasiado el espectáculo, pero tenía curiosidad por ver tanta variedad de animales. Ya de camino, pensó que si iba por la parte de atrás, podría observarlos más de cerca; era una fantástica oportunidad, así que apuró el paso y no se detuvo hasta llegar. La gran carpa de color naranja, era la más grande que había visto; tenía luces y banderines de colores, que atravesaban la calle de lado a lado. Los vendedores ambulantes se amontonaban en la entrada; ellos también querían disfrutar del espectáculo. La música no lograba apagar las risas y el asombro era un punto y coma entre la euforia y el alboroto. Al llegar, Eugenio vio a “Don Seguro”, un hombre regordete de mejillas rosadas, que daba la bienvenida agitando un sombrero, al tiempo que anunciaba a viva voz, que la función estaba por comenzar. Pero la intención de Eugenio no era entrar al circo; había llegado hasta allí con el afán de ver a los animales, así que hizo caso omiso de aquel anuncio por parte del dueño del Circo y caminó por el costado de la carpa, en dirección a la parte trasera. Grande fue su sorpresa cuando vio a aquel animal de enormes dimensiones; un viejo y amigable elefante que intentaba soltar su pata amarrada a una cadena de gruesos eslabones. Eugenio siguió buscando con la mirada y sus ojos se detuvieron frente a la jaula de un viejo león con pocos dientes, que era la estrella del circo y esperaba turno para salir a escena. Los más inquietos eran los monos, toda una familia de simios que se preparaba para hacer de las suyas. Eugenio se sintió como un chiquillo recordando anécdotas fantásticas, casi se olvidó de su edad, montó una pierna por el alambrado que separaba la carpa de las jaulas, para acercarse aún más a aquellos chillones que no paraban de hacer monerías. Buscó en los bolsillos y decidió compartir sus golosinas con esos deliciosos personajes. Comió un caramelo y partió los tres restantes; se acercó un poco más y luego de un breve monólogo con los monos lanzó los trozos en forma de lluvia, hacia adentro de la jaula. La simpática situación pronto se transformó en un caos. Los monos saltaban de un lado a otro y gritaban frenéticamente, hasta que entre la confusión y el apuro por alejarse de aquel lugar, Eugenio movió involuntariamente la improvisada tranca de la jaula y los cinco monos escaparon en una loca carrera, rumbo quién sabe adonde. De igual forma se alejó Eugenio, que lo único que deseaba, era salir de allí lo antes posible.Agitado y con el último aliento llegó a su casa. Podía imaginar claramente lo enojado que estaría “Don Seguro”. Decidió entonces que lo mejor sería acostarse y dormir, como para olvidar lo sucedido. No resultó así; las preguntas se apilaban en su mente y los pensamientos fluían más rápido de lo que era capaz de razonar. Pensó por un momento, que si lo habían visto ya habrían dado aviso a la policía y pronto lo vendrían a buscar. Las horas pasaban y no podía dejar de pensar en el lío en que se había metido. Sintió vergüenza. Se consideraba un hombre de pocas palabras y reputación intachable, pero ésta vez, el destino le estaba jugando una mala pasada. ¿Qué más le podría ocurrir? quizás al salir de su casa, los vecinos, los mismos que tan cordialmente siempre lo saludaban, ahora lo señalarían con el dedo convirtiéndolo en el comentario del día. Pensó en los monos de “Don Seguro”; sueltos por el pueblo, cuál no sería el desastre qué habrían causado. Las horas transcurrieron y el sueño no acudió a la cita. Eugenio lucía demacrado y se encontraba sumido en sus pensamientos, cuando el sonido del timbre lo sobresaltó; dudó unos instantes y finalmente se dirigió hacia la puerta. Allí aguardaba un hombre bien alineado, vestido como para una boda, con un maletín que descansaba a su lado. No lo conocía, pero lo tranquilizó saber que no era “Don Seguro”, el dueño del Circo.- Buenas tardes ¿Señor? - Preguntó el hombre de traje- Eugenio, me llamo Eugenio.- Tranquilo Eugenio, solo voy a hacerle unas preguntas. Seguro sabe lo qué vengo a decirle.- Supongo, creo que sí. - Respondió avergonzado Eugenio- ¡Claro amigo! En pueblo chico el chisme corre ligero,“seguro” se va a alegrar al saber - Exclamóel hombre.- Si, ya lo sé, mire no fue mi..., en realidad yo no tengo...,- Por eso vine Eugenio; para que la tenga. Sabemos que la vida no es fácil. - Bueno, basta de vueltas. - Increpó Eugenio - tal vez podamos llegar a un arreglo.- ¡Eso quería escuchar! Mire amigo, soy hombre de negocios pero si el negocio no es bueno, inmediatamente lo liquido.- No, no, no. - Replicó Eugenio - Dígame que debo hacer ¿“Seguro” no lo sabe?- Claro que sí Eugenio, “seguro” sabe negociar; le voy a vender la mejor aspiradora que haya visto en su vida. Porque el hombre de traje oscuro era solo un vendedor ambulante, pero Eugenio no lo sabía y así entre excusas y confusiones, le compró el electrodoméstico. El hábil vendedor, reconoció de inmediato la presa fácil y siguió intentando su casual y exitosa estrategia.-“Seguro” estará feliz con esta compra - le dijo al pobre Eugenio - pero la satisfacción puede ser mayor si también compra la enceradora. Inmediatamente Eugenio le explicó que no necesitaba encerar porque sus pisos estaban plastificados, pero el vendedor insistía- Vamos hombre, - el vendedor no cejaba - algún día cambiará los pisos; “seguro” lo quiere así.- Bueno, si así lo quiere Seguro podría hacerlo; déjeme también la enceradora.- Me gusta la gente práctica. ¿Sabe qué trabajo da encerar manualmente? Además si no compra la enceradora, deberá esforzarse, hacerlo por mano propia y “seguro” lo liquida.- ¡No por favor! dígame que más le puedo comprar. – Se angustió Eugenio- Bueno, tenemos un radio grabador, ventiladores de techo, estufas, platos de postre, el manual del buen vendedor, agujeros para colador, tablitas para el asado, en fin… El pobre Eugenio le compró todo hasta quedar sin un peso, pero su tranquilidad valía eso y más. Esa noche durmió plácidamente y hasta tuvo bonitos sueños.Al día siguiente, aún no despierto del todo, se sentó en la cama; sacudió la cabeza como para acomodar sus pensamientos y experimentó el alivio de haber dormido tranquilo. Observó a su alrededor y vio un centenar de cajas de todos los tamaños; pero su tranquilidad y su reputación no tenían precio, por lo tanto se sintió complacido.Miró su reloj, se vistió despacio, calentó agua y como todas las mañanas, salió a tomar mate a la puerta de su casa. Allí estaba su vecino que le hizo el siguiente comentario:- ¿Vio Eugenio, ese vendedor que andaba ayer por el pueblo vendiendo de puerta en puerta? Quería vender de prepo el sinvergüenza; algún que otro tonto debe haber caído porque al rato, andaba de copas con tal alboroto, y le contaba a todo el que se acercaba, el éxito de sus ventas.Eugenio escuchaba con mucha atención y sin terminar de entender aquel relato preguntó a su vecino:- ¿Usted se refiere a un hombre alto, de traje oscuro, qué hablaba mucho?- Claro amigo, uno que vendía aspiradoras y que se yo cuantas cosas más.- ¿Pero a ese no lo mandó “Don Seguro”, el dueño del Circo? - Balbuceó Eugenio -- ¡Qué va vecino! Ese es un forastero vaya a saber de dónde, que vino en busca de algún cándido que creyera en su palabrerío y le comprara lo que vendía. Y hablando del Circo, ¿Escuchó esta mañana en la radio lo que pasó con los monos? ¡Qué barbaridad, todo un desastre! Andan buscando al responsable.



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miércoles, 5 de marzo de 2008

Gracias

Hoy se me desborda el corazón, y la alegría colma cada rincón de mi existencia.
Mi adorada Dahiana, hoy se nos cumple un sueño. Digo “nos” porque en esto como en tantas otras cosas, hemos estado juntas. “GRACIAS” una vez más, por compartir tus sueños, por dejarme estar cerca de ti, por hacerme sentir parte importante de tu vida, por hacerme saber desde siempre, que somos amigas.
Llegaste a mí vida como un regalo de Dios; como una caricia para el alma y no dudé un instante en amarte más que a mi vida. El tiempo fue pasando y los años nos transcurrieron juntas, siempre cerca; para reír, amar, llorar, jugar; para dejar salir la bronca, para aprender a caminar y crecer en la unión, pero como dos seres diferentes. “Gracias” por regalarme el orgullo de tenerte y regocijarme en tu alegría, en tu personalidad única y maravillosa.
“Gracias hija” por llenar mi vida de sensaciones increíbles e inigualables, permitiendo que te acompañe en el paso a paso, sin dejarte invadir por este amor tan inmenso, que a veces puede resultar avasallante. “Gracias” por la palabra acertada en el momento preciso, haciéndome saber que siempre estás y que cuento contigo. Que bueno mi amor, tener el privilegio de poder agradecerle la amistad a una hija. Hoy veo colmada una de mis mayores expectativas ¡mi hija una Licenciada! Siento que en mi corazón se apilan los recuerdos y puedo ver a aquella pequeña niña de coletas y sonrisa ancha, que me ayudó a crecer de pronto y a ser mejor persona, porque entró a mi corazón para desplazar al egoísmo de mi vida, haciéndome saber que éramos dos y que había que pelearla.
Lo logramos Licenciada. juntas … como siempre.

Mamá 16 de julio de 2004.

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