Los que se aman no se callan lo que sienten y dibujan corazones a escondidas. Sus manos se entrelazan en caricias y el cielo los observa desde arriba.
Los que se aman son hijos de la luna, que asombrados descubren la armonía, y detienen los relojes en el tiempo, en cada beso de cada despedida.
Los que se aman no ven a quien los mira y se amparan en lo oscuro de la noche. El cofre de recuerdos se desborda y las canciones son siempre a la medida.
lunes, 25 de mayo de 2009
Los que se aman
jueves, 21 de mayo de 2009
Lo sabía
sábado, 3 de enero de 2009
Felicidad
sábado, 16 de agosto de 2008
Santa Teresa y el mar
Solo el murmullo del mar; es todo lo que escucho en este soleado día que me invita a despertar la pluma, que yace olvidada en el fondo de mi bolso desde hace tiempo.
Cansada de arrugar borradores que quisieron ser y no pudieron, se levanta titubeante, en busca de la palabra apropiada para que yo la escuche. Se interna en lo profundo de mí ser y se sumerge, urgente de una esencia inspiradora, que por fin logra. Mi boca se llena de vocablos que en impecable orden, se acomodan como pueden para decir algo coherente. Aquí me encuentro; sentada frente a esta inmensidad de aguas transparentes, viendo avanzar despacio a las olas silenciosas, casi como el náufrago que cansado de nadar, llega aletargado a la orilla y desfallece. Desde este alto, siento que puedo tocar el cielo o inclinarme para besar el mar. Puedo ver a las olas bordar con su blanca espuma, las infinitas vueltas de una suerte de enagua de novia que se forma en la orilla. Un verde follaje rodea el camino que lleva al mar. A lo lejos, emerge un cinturón de doradas arenas, que oficia de marco para este milagro que nos regala la vida. Mis ojos se pierden en el horizonte, donde las aguas se confunden con el cielo, como pincelada inconclusa de este cuadro viviente que me subyuga y me conmueve cada dìa. 



















